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MISTERIO DE DIOS


- dinámica mística, orientativa -

 

 

 

 

 

1. perspectiva teológico-dinámica de San Juan de la Cruz

 

 

 

Hemos dicho que nuestro protagonista, al que nuestro 'Buscador de Dios' se dirige es un "buscador de Dios", un explorador "bien dispuesto para Dios" (CB 1,22) que se adentra en un recorrido por etapas o vías del Espíritu experimentado desde los pri­meros siglos de la era cristiana.

 

Este recorrido es considerado en perspectiva teológico-dinámica.

 

Con esta expresión se quiere dar a entender que el trazado del sen­dero místico se desarrollará a partir del misterio de Dios Uno y Trino que se revela y está presente en la historia de la salvación y en cada creyente, valiéndose de la experiencia cualificada de san Juan de la Cruz, Doctor Ecclesiae, reconocido no sólo como objeto de reflexión, sino también como una de las fuentes de la teología espiritual. Sus obras de hecho son "codex et schola", cuyo contenido es la ciencia sabrosa indicada por la vía de la perfección .

 

Como teólogo, Juan de la Cruz tiene una visión sistemática de la historia de la salvación y de la vida espiritual. De hecho, el magisterio del "buscador de Dios" propone este dinamismo teológico: "el hombre llega hasta el seno de la Trinidad [glorificación], porque de la Trinidad ha nacido [predestinación]".[1] Quiere decir: la presencia de Dios Uno y Trino, "eje de la vida espiritual" [2], actúa y coordina todo el "itinerario espiritual" [3] del "buscador de Dios".

 

Efectivamente, según san Juan de la Cruz, la presencia de Dios Uno y Trino acompaña todas las etapas del desarrollo histórico/salvífica del cristiano que, desde su nacimiento (creación), pasando por la renova­ción/purificación (bautismo), y por la transformación mística y la divi­nización (Cristología pascual), está proyectado a la glorificación.

 

Ahora bien, este trazado teológico sanjuanista alcanza todo su vigor desde el único recorrido objetivo constituido por las maravillas de Dios en la historia de la salvación, reavivado subjetivamente en el cristiano por el aspecto místico explorativo del todo y nada teologal del díptico Subida-Noche y del místico unitivo descrito en Cántico Espiritual y Llama de amor viva.

  

   

2.     pedagogía de Dios

 

    "ordenadamente y suavemente" (2S 17,2)

 

No debe sorprendernos hablar de la pedagogía de Dios, de la inicia­tiva divina y de su modo de obrar con el hombre. Para Juan de la Cruz en la vida espiritual Dios es el protagonista principal, es el "principal amante" (CB 31,2), "el movedor e inspirador de amor" (LIB 3,50).

 

Sobre este modo divino de obrar el Santo destaca algunas cualida­des que evidencian por parte de Dios esmero, atención, cuidado inofensivo respecto a nuestro explorador bien dispuesto: "Dios en el espíritu, hace obra quieta,delicada, solitaria, satisfactoria y pacífica" (1N 9,7). Este modo de obrar produce en el alma poco a poco, la infu­sión "secreta, pacífica y amorosa" de la contemplación y "si la dan lugar, inflama al alma en espíritu de amor" (1N 10,6).

 

Ahora bien, puesto que Dios trata a la persona humana según la propia naturaleza, de hecho: "cuando uno ama y hace bien a otro, háce­le bien y ámale según su condición" (LIB 3,6), el "buscador de Dios" es invitado a tener con Dios un trato de "más comedimiento y más cortesía" (1N 12,3).

 

Dios, "suma bondad" (1S 4,4), más aún "profundo de infinita bon­dad" (FB 3,22), mueve al ser humano desde el interior de su misma natu­raleza antropológica, compuesta principalmente de dos dimensiones interdependientes entre sí:

  • la sensitiva o inferior (cf. 2S 3,2), por la que comunica con el mundo;
  • la espiritual o parte "que es la porción supe­rior del alma que tiene respecto y comunicación con Dios" (3S 26,4).

 

"Dios, escribe el Santo, para mover al alma y levantarla del fin y extremo de su bajeza al otro fin y extremo de su alteza en su divina unión, halo de hacer ordenadamente y suavemente y al modo de la misma alma" (2S 17,3). De este modo nuestro santo subraya, por "vía ordinaria" (2S 17,4), el modo del 'caminar' divino mediante el cual Dios da forma , 'mueve' y eleva el alma a la cima de la unión: la comunión trinitaria.

 

Podemos resumir este modo divino de 'obrar', de "dar forma", en los tres principios que Juan de la Cruz pone como referencia de la pedagogía:

  • "Las obras que son hechas, de Dios son ordenadas" (2S 17,2);
  • "La Sabiduría de Dios dispone todas las cosas con suavidad" (2S 17,2);
  • "Dios mueve todas las cosas al modo de ellas" (2S 17,2).

 

Según estos tres principios, por tanto, Dios mueve al hombre, lo plasma con tacto y trato divino -a lo divino-, le da forma con orden y suavidad y adaptándose a la naturaleza humana: "así va Dios perfeccionando al hombre al modo del hombre, por lo más bajo y exterior, hasta lo más alto e interior" (1S 17,4).

 

Pero no deja de suscitar maravilla o extrañeza que, precisamente cuando Dios comienza a dar forma, a 'mover' el alma desde lo exterior a lo más interior, a causa de las imperfecciones y de las impurezas que residen en ella, denominadas por el santo "apetitos", ella sienta esta acción ordenada y suave de Dios como algo demasiado contrario y pesado:

  • "¡Cosa de grande maravilla y lástima que sea aquí tanta la flaqueza e impureza del alma, que, siendo la mano de Dios de suyo tan blanda y suave, la sienta el alma aquí tan grave y contraria, con no cargar ni asentar, sino solamente tocando, y eso" (2N 5,7).

 

De ahí, "por lo dicho se verá cuánto más hace Dios en limpiar y purgar una alma de estas contrariedades, que en criarla de nonada. Porque estas contrariedades de afectos y apetitos contrarios más opuestos y resistentes son a Dios que la nada, porque ésta no resiste" (1S 6,4).

Con esta afirmación se puede ya entrever la función "teologal" de las famosas "nadas" del doctor místico.

 

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[1] FEDERICO RUIZ, "Metodo e strutture di antropologia sanjuanista", in Temi di Antropologia Teologica, a cura di Ermanno Ancilli, Roma 1981, p. 416.

[2] GIOVANNI PAOLO II, Maestro della Fede, n. 9.

[3] EULOGIO PACHO, San Giovanni della Croce, mistico e teologoin Vita cristiana ed esperienza mistica, Roma 1982, 325.