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- Lumen Fidei 36 -

 

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- Evangelii Gaudium 11 -



POR NUEVOS CAMINOS


 

 

 

 

 

 

 

El proyecto específico del sendero místico del 'buscador de Dios' está orientado a las nuevas dimensiones y estructurado en tres elemen­tos doctrinales: 1) abnegación evangélica: "admirable doctrina" (2S 7,4); 2) vida teologal: "disposición para unirse el alma con Dios" (2N 21 ,11); 3) oración cristiana: trato con Dios "con entera fe" (3S 42,6).

 

Estos tres elementos doctrina les están conectados entre sí y en gra­dual evolución dinámica:

  • a. - abnegación evangélica: tres criterios explorativos
  • b. - vida teologal: mística en acto
  • a'. - oración cristiana: trato con Dios

 

El desarrollo que de aquí se desprende es el siguiente: movidos por la ordenada pedagogía divina (cf 2S 17,2-5), "que mueve e infunde el amor" (LIB 3,50), nuevamente se descubre en los tres criterios explorativos la radicalidad de la sequela Christi, guiados por las virtudes teologales, mís­tica en acto, y bajo el impulso del trato con Dios en el espíritu.

Esto quiere decir que adentrándonos en el sendero místico con la ayuda de los tres criterios explorativos se asciende gradualmente en el sendero místico la mística en evolución, en acto teologal, encon­trándose con los "misteriosos secretos" (CB, prologo 1) de la actitud contemplativa.

 

Estas nuevas dimensiones en el espíritu se resumen en la teología mística "conforme a la fe" (CB prologo 2), "que no tiene modo" (2S 4,5); se adquiere aquella sabiduría secreta que se comunica al alma "por amor" (2N 5,3) y con "entera fe" (3S 42,6).

 

El explorador bien dispuesto en el "sendero de oscura contempla­ción" (2S 7,13), se nutre de esta teología mística, diría el doctor místi­co, se sostiene con la "admirable doctrina" (2N 11,4) cuyo contenido son los alimentos "sustanciales" (IN 1,2), "pan con corteza" (IN 12,1), que es el "alimento de los robustos" (IN 12,1).

 

- actitud teologal -


frente a las 'nadas'

 

San Juan de la Cruz, subrayando el valor y significado teologal del necesario 'camino' de "negación o pureza espiritual, que son una misma cosa" (2S 7,5) contenido en las famosas "nadas" (cf. 1S 13,11-13), indica al hombre dónde puede encontrar su dignidad: en la "pureza y el amor" (2S 5,8).

 

Es interesante subrayar cómo para el santo la negación sea "todo uno" con la pureza espiritual; por lo cual el mismo ejercicio de la negación revela y manifiesta anhelo de pureza espiritual, de la "inocencia que había en Adán" (2N 24,2); y así el hombre sanjuanista entra en las "nadas", camina en la negación/pureza "aconsejada por Nuestro Señor" (2S 7,5), porque conducido por Dios, "solo por amor de él, más aún inflamado de este amor" (1S 1,4).

 

Guiado por la acción ordenada y suave de Dios, el hombre sanjuanista es bien consciente de sus impurezas e imperfecciones, por lo que la actitud teologal frente a las "nadas", condensadas en los avisos dados al fin del primer libro de la Subida (1S 13,4), por el hecho de que no se oponen no resisten a Dios: "a las infusiones divinas, escribe Juan de la Cruz, no se opone una «voluntad negativa»" (2S 16,10); por el contrario, resultan ser para el alma una activa y eficaz manera de dar forma contemplativa a la propia identidad espiritual, colaborando con Dios a su dar forma, para que su acción ordenada y suave pase de un "mayor trabajo" (1S 6,4) a un 'menor trabajo ', 'fatígase menos'.

 

Pero todo esto Jo puede entender el hombre de trato o más bien de "trato" con Dios. Solo en el «trato con Dios», efectivamente, el alma se deja seducir y guiar -"conducida por Dios" (1S 1,4)- por el áspero sendero de las 'nadas', que no "no resisten a él" (1S 6,4).

 

Así en el continuo «trato con Dios» el hombre se 'reencuentra', halla eficazmente el «camino de Cristo», da con sus caminos de actitud contemplativa, para dar forma, trato con Dios, negación/pureza espiritual que lo conducen «perfectamente al trato de espíritu con Dios» (2S 17,5), que es "continua percepción agradable de Dios" (3S 26,5).

 

Volvemos a encontrar aquí, en la "cumbre del Monte" (1S 13,10), la "pura esencia del alma", la pureza, característica propia de los bien ­ aventurados que, "solo por amor a él" (1S 1,4), cantinando en la fe, en el trato con Dios , que es "entera fe" (3S 42,6), actitud contemplativa, se han comportado "negativamente con paciencia humilde y amorosa" (2S 16,10), dejándose purificar (cf 1S 6,4) por la acción ordenada y suave de Dios.

 

Y así, "los limpios de corazón son llamados por nuestro Salvador bienaventurado s (Mt. 5, 8), lo cual es tanto como decir «enamorados», pues que la bienaventuranza no se da por menos que amor" (2N 12,1). "Al fin, para este fin de amor fuimos criados" (CB 28,3), hemos sido creados por "la pureza y amor" (2S 5,8).